Artículo por: actitudfem.com

¿En el físico?, ¿en la forma de vestir?, o ¿en algo más interesante? De lo que estamos convencidas es de que, a la hora de “observar” a las demás mujeres, somos muy exigentes y reparamos más en los detalles.

A juicio de Cristina Wood, psicóloga especialista en ansiedad y estrés, “si dos mujeres se encuentran por la calle, se hacen un escáner de lo que llevan de los pies a la cabeza, se fijan en si la otra ha ido a la peluquería, si lleva las uñas pintadas, si la talla de la falda le queda bien”.

En efecto, agrega Wood, cuando dos mujeres se vuelven a ver al cabo de mucho tiempo, “lo primero que hacen es un comentario sobre su físico, del tipo: qué delgada estás, qué bien te veo”. Pero esto ¿lo hacen también los hombres? Cuando un hombre mira a otro ¿le dice qué bien te queda el pantalón, o cuánto has adelgazado?

Una cuestión cultural

El tópico de que las mujeres no se visten para gustar a los hombres, sino para agradar a las mujeres, es más cierto de lo que parece. Según la experta del Centro de Tratamiento de la Ansiedad y el Estrés de Madrid (España), en el físico, la forma de vestir, y en todo lo que sea apariencia, las mujeres somos más exigentes y nos fijamos más en los detalles: “es cultural, lo adquirimos desde muy pequeñas, desde que nos enseñan: hija siéntate bien, péinate, tienes que estar presentable. Al niño no se le exige tanto en ese campo”.

Sin embargo, surge un problema, agrega la Dra. Wood, y es el hecho de que a las mujeres se nos valore mucho por el físico. “Y como todos en general somos muy sensibles a los comentarios negativos, al final para evitar una crítica te vistes como crees que le vas a gustar a las mujeres. El miedo a lo que los demás puedan pensar es más acusado en las mujeres que en los hombres y, para evitar esa ansiedad, al final la mujer se está fijando en cómo van el resto de mujeres”, explica.

Competencia y envidia entre mujeres

A juicio de las psicólogas británicas Susie Orbach y Luise Eichebam, autoras de Agridulce: El amor, la envidia y la competencia en la amistad entre mujeres, normalmente los sentimientos de envidia de una mujer hacia otra mujer no suelen identificarse como tales, y “cuando aparecen, encuentran muchas veces refugio psicológico en la autocrítica”.

Ante el éxito de una compañera, por ejemplo, muchas mujeres no son capaces de analizar sus propios sentimientos y los transforman en “sentimientos individuales de duda e insuficiencia”. Las diferencias entre mujeres, que unas avancen más rápido que otras, se percibe a veces como algo peligroso, como una amenaza.

Según Orbach y Eichebam, “cuando una mujer tiene problemas para reconocer sus propias necesidades y deseos (lo que resulta muy común debido a su educación), “se asusta” cuando ve que otra mujer sí es capaz de hacerlo”. De hecho, hay una especie de pacto que parece dictar: “tenemos que quedarnos donde estamos y seguir siendo lo que somos”.

No aplicamos la misma vara en hombres que en mujeres

Asimismo, Cristina Wood opina que en esta sociedad no se aplica la misma vara de medir a los hombres que a las mujeres: tanto física como intelectualmente, desarrollando las mismas tareas, en puestos de la misma responsabilidad, se suele exigir más a las mujeres que a los hombres. “Y el problema es que entre nosotras somos mucho más duras de lo que lo son los hombres y nos juzgamos más negativamente. Si yo tengo una jefa mujer, es más fácil que yo piense que esa mujer, por su inteligencia emocional, se dé cuenta de mis errores o que me saque alguna falta”, acota.

La experta afirma que el hecho de saber que una mujer se va a fijar más en estas cosas que un hombre, “pone nerviosa a otra mujer, ya sea en reuniones o en otros ámbitos”.

¿Recuerdas el slogan de aquella obra de teatro que decía: “entre mujeres podemos destrozarnos, pero jamás nos haremos daño”? De lo que se trata, en resumidas cuentas, es que entre nosotras somos mucho más duras de lo que lo son los hombres y nos juzgamos más negativamente.

Algo tendríamos que empezar a cambiar, ¿no te parece?

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